OFF #24 | La newsletter para retomar el control

Enero 2025

OFF #24 | Llega Silicon Valley a la Casa blanca (¿o al revés?)

En su último discurso desde la Casa Blanca, el presidente Biden se declaró preocupado por “el posible auge de un complejo industrial tecnológico” – haciéndose eco del famoso discurso de su predecesor Eisenhower que advertía sobre el poder del complejo “militar industrial”. 

Biden expresó su preocupación por “la concentración de poder en manos de muy pocas personas ultrarricas” y “las peligrosas consecuencias si queda sin control el abuso de este poder”. Denunció esta oligarquía cuya influencia literalmente “amenaza toda nuestra democracia, nuestros derechos y libertades básicas”.  

Estimado presidente Biden: le damos la bienvenida a OFF. Pero parece que usted llega un poco tarde. 

Elon Musk bailando y saltando en un mitin de campaña de Trump 

La elección de Trump y la campaña que la precedió no han sido un periodo bisagra en el que los líderes tecnológicos han cambiado de bando. La salida del armario del sector tecnológico y su fusión con el trumpismo corresponden más bien a una clarificación de los valores que predominan en los líderes de esta industria.

Por su lado, parece que el nuevo presidente no hizo más que aplicar a la política el lema de los inicios de Facebook —“Move Fast and Break Things”— abatiendo las barreras impuestas por la decencia y apelando a los instintos de los votantes de forma similar a la manera en la que las redes enganchan a sus usuarios con dosis de dopamina.

MAGA or MUSK (Make United States Kaboom)

Nadie encarna mejor la colusión de intereses entre el nuevo poder en Washington y la big tech que el omnipresente Elon Musk, el cual donó $ 250 millones a la campaña de Trump y desde hace meses irrumpe diariamente en la actualidad, ilustrando la capacidad de influencia de la élite tecnológica sobre los asuntos nacionales y mundiales. 

Portal (auténtico) del Departamento de la Eficiencia Gubernamental (DOGE) copresidido por Musk

Musk es capaz de conectar (o desconectar) el ejército ucraniano a internet a través de su empresa Starlink. Promete dar un cheque de $100 millones al partido de extrema derecha británico Reform UK y brinda su apoyo al partido neonazi alemán AfD. En la nueva administración Trump copresidirá el Departamento de la eficiencia gubernamental con el que pretende recortar un 30% el presupuesto federal al estilo de Milei en Argentina (aunque ahora ha reducido su objetivo a la mitad). 

En realidad, Musk solo es la punta del iceberg de una operación mucho más ambiciosa de fusión entre el trumpismo y la big tech. También queda por ver cuánto tiempo durará esto intenso “bromance” entre dos de las personalidades más egocéntricas del planeta. El 23 de enero surgió la primera discrepancia entre ambos, cuando Musk se burló del programa Stargate anunciado por Trump junto a su enemigo Sam Altman, con el que mantiene un gran rencor. 

Tras un paréntesis de esperanza, con, por ejemplo, la joven Lina Khan (partidaria de romper los monopolios tecnológicos) al frente de la Federal Trade Commission (FTC) desde 2021, todo apunta hacia una era en el que se abaten las barreras destinadas a proteger a los humanos y el planeta contra el imperio de una industria capaz de penetrar en cada parcela de nuestras vidas. 

¿Matrimonio de amor o de conveniencia? 

Aunque Musk sea la figura más visible del respaldo del sector tecnológico a Trump, desde hace un par de años varias voces muy relevantes de Silicon Valley han sido decisivas en su campaña victoriosa. Los que se mostraban más reticentes han terminado de inclinarse en las últimas semanas ante el nuevo inquilino de la Casa Blanca – y lo han hecho con mucho celo.

Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon) y su pareja, Sundar Pichai (Google) y Elon Musk en la investidura del presidente Trump 

En la Alemania de los años 1920 y 1930, muchos capitanes de industria mostraron su apoyo a Hitler por motivos diversos: algunos compartían sus valores y su proyecto, otros por pragmatismo o por anticomunismo. Y en algunos casos, por miedo a perder sus conglomerados y su riqueza. 

En los EE.UU. de los años 2020 las motivaciones de líderes tecnológicos probablemente también varíen desde la alineación total de valores hasta la confluencia de intereses, pasando por el oportunismo y la aversión a perderse una parte del pastel. 

En una era dominada por los avances fulminantes de la Inteligencia Artificial (IA), el principal nexo ideológico entre el trumpismo y Silicon Valley tiene que ver con la promesa de desregular lo más posible su desarrollo. Ambos campos comparten la obsesión de no verse superados por China en la carrera por la IA, considerada el nuevo motor del prometido “Make America Great Again”. 

En una columna publicada el pasado verano en el Washington Post, el CEO de OpenAI, Sam Altman, exponía su visión de la lucha entre:

  • una “IA democrática” (estadounidense), cuya frágil superioridad quedó puesta en evidencia por la salida de la IA generativa china DeepSeek el 27 de enero;

  • y una “IA autoritaria” (china).

En esta lectura simplista pero persuasiva, la IA virtuosa (y en primer lugar su propia empresa, editora de ChatGPT) sería la garantía para que los valores democráticos de su país sigan prevaleciendo – y para ello sería esencial no limitarla demasiado.  

Entre varios aspectos omitidos por Altman está el probable mayor robo de propiedad intelectual de la Historia que su empresa llevó a cabo para entrenar sus algoritmos. Un procedimiento bastante alejado del respeto a la propiedad privada característico de los valores de su nación. 

Los más militantes: VCs y el lobby cripto 

En un tono más agresivo, los poderosos inversores de Silicon Valley Marc Andreessen y Ben Horowitz realizaron un vídeo de 91 minutos el mes de julio pasado acusando al presidente Biden de debilitar los EE.UU. al pretender regular en exceso el sector. “Está produciéndose un asalto brutal a una industria naciente que nunca habíamos observado antes”, proclamaron, denunciando una supuesta “amenaza para la economía, la superioridad tecnológica y el poder militar” del país. 

Pantallazo de TikTok tras volver a ser disponible  en los EE.UU el día de la investidura de Trump

“La verdad se ve sofocada por mentiras contadas para adquirir poder y beneficios. Debemos exigir responsabilidades a las redes sociales para proteger a nuestros hijos, a nuestras familias y a nuestra propia democracia del abuso de poder”.

Presidente Biden 

Otros notables fervientes trumpistas entre los VCs incluyen Peter Thiel (cofundador de Paypal y de Palantir), David Sacks (nombrado jefe de tecnología de la nueva administración), Shaun Maguire (Sequoia Capital) o Joe Lonsdale (8VC’s). Uno de sus temores regulatorios es que se prohíba a los gigantes tecnológicos adquirir startups que refuercen su dominio sobre una industria, ya que sus fondos de capital riesgo dependen de este tipo de operación.

Pero no se puede entender el peso que la industria tecnológica ha cobrado en la política estadounidense sin referirse al papel desempeñado por el sector de las criptomonedas. Un interesantísimo artículo de la revista The New Yorker, pone en evidencia sus estrategias muy agresivas para asegurar la derrota de cualquier candidato a elecciones que no expresara de forma rotunda su apoyo a las critpo. El gran orquestador de este plan fue Chris Lehane, un gurú del lobbying que fue director de asuntos públicos de Airbnb y ahora ejerce el mismo puesto en OpenAI. 

Los oportunistas – El viento del momento como brújula 

El primero en aprender esa lección sin duda fue el propio Trump. Mientras que hasta 2021 veía las criptomonedas como una “gran estafa” y un “desastre por venir”. El pasado verano fue la estrella de la mayor conferencia sobre el bitcoin donde prometió que los EE.UU. serían el paraíso de las criptomonedas. El sábado previo a su investidura lanzó su propio token, $TRUMP, con el que ganó virtualmente $ 58 mil millones de dólares en unas horas. 

En la misma línea, Trump se pronunció a favor de prohibir TikTok durante su primer mandato. Pero Jeff Yass, uno de sus mayores donantes, posee un 15% de ByteDance, la empresa china que opera la plataforma, la cual hizo grandes esfuerzos para hacerse querer del candidato. Menos de 24 horas después de que se ejecutara la decisión judicial prohibiendo la plataforma en los EE.UU. el día previo a la investidura, la red social china volvía a ser disponible

Otro de los motivos del giro de Trump en relación con TikTok se debe a que el presidente aborrece su principal competidor, Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), cuyo fundador es el reflejo del mismo oportunismo en el lado de la industria tecnológica. El carácter tardío de la conversión de Zuckerberg al trumpismo ha sido compensado por su vigor. 

En las últimas semanas, el CEO de Meta: 

  • Ha nombrado consejera de su empresa a Dana White, presidenta del Ultimate Fighting Championship (UFC) y amiga de Trump. 

  • Ha remplazado al ex viceprimer ministro británico Nick Clegg como director de asuntos públicos por el ferviente republicano Joel Kaplan

  • Cenó con el entonces presidente electo en su residencia florideña de Mar-a-Lago en vísperas de Thanksgiving.  

  • Donó $1 millón al fondo destinado a la investidura del nuevo presidente. 

  • Cerró su programa de « fact-checking » para adoptar el mismo sistema de moderación laxo que Elon Musk instauró en X, alegando que habían supuesto una censura inaceptable. Con este giro, las plataformas de Meta favorecerán que se difunda cualquier opinión, sin importar cuán ofensiva o dañina sea, fomentando el odio, la desinformación o la polarización social. 

En el podcast del muy trumpista Joe Rogan publicada el 10 de enero adoptó una retórica al puro estilo del magnate inmobiliario en la que cantó las virtudes de la energía masculina y la agresividad, y anunció que sus empresas habían puesto un fin a sus políticas de inclusión y diversidad.  

Zuckerberg también se aventuró e el campo geopolítico, oponiéndose a China, Latinamérica o Europa: “Europa tiene un número creciente de leyes que institucionalizan la censura y dificultan cualquier innovación”. Se declaró impaciente de “trabajar con el presidente Trump” para “contraatacar” estos aspectos. 

En el campo oportunista también destaca Jeff Bezos. El fundador de Amazon, anteriormente enfrentado a Trump, censuró en su periódico The Washington Post una viñeta en la que los magnates tecnológicos regalaban bolsas de dinero al candidato republicano. También impidió que el diario pidiera el voto a favor de Kamala Harris. Reconoció públicamente que lo hizo por miedo a perder contratos con la nueva administración. 

¿Feliz 2025?

El panorama que ofrece la alianza entre la fuerza bruta del trumpismo y el poder tecnológico no es alentador y cuesta encontrar razones para ser optimistas. Los gigantes tecnológicos que ejercen su poder sobre un espectro amplio de las actividades humanas probablemente gocen de condiciones para ampliar su dominio. 

Su proyecto es ferozmente antieuropeo y se opone en todo a los valores del Viejo Continente. Sin caer en la ingenuidad, podemos esperar que este momento de clarificación ideológica provoque suficiente rechazo para que, al menos en Europa, se produzca un rearme humanista unido y una apuesta mucho más rotunda por una tecnología más alineada con los intereses humanos como la que defendemos en OFF. 

Movimiento OFF

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Próximamente anunciaremos una agenda más ambiciosa para contribuir a este esfuerzo. Por esto, si aún no lo has hecho, te invito a compartir el Manifiesto OFF y nuestra última campaña Por una escuela OFF. Si deseas firmar la carta, haz click aquí.


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