El paralelismo entre la comida rápida y la educación digitalizada
En 1981, el presidente Reagan se fijó como propósito recortar los presupuestos drásticamente en absolutamente todos los departamentos del gobierno salvo en defensa. ¿Os resulta familiar?
Aunque no tuviera a ningún Elon Musk a su lado, ni a un grupo de veinteañeros tomando el control de las cuentas del Tesoro, una de las medidas consistió en reducir en 1.460 millones los fondos asignados a la nutrición infantil.
Como consecuencia, muchas escuelas eliminaron sus propias cocinas y solicitaron a los gigantes industriales de la alimentación para que prepararan comidas baratas y sencillas, que fueran atractivas para los niños y solo tuvieran que ser recalentadas in situ.
El documental "Fed Up" muestra cómo, de pronto, empresas de comida rápida se repartieron los días de la semana:
Lunes: a cargo de McDonald’s
Martes: de Pizza Hut
Y así sucesivamente.
Poco a poco, los comedores escolares se pusieron al servicio de estos grandes operadores más que de la nutrición y la salud de los alumnos, inculcándoles sus gustos y acostumbrándolos a sus productos.
30 años más tarde, en medio de la peor epidemia de obesidad infantil jamás constatada, más de la mitad de los distritos escolares en los EE.UU. seguían sirviendo fast-food en sus comedores.
En 2012, se incrementó por primera vez en 3 décadas el presupuesto destinada a las comidas (en $0,06) y se estableció que una opción saludable tenía que estar siempre disponible. Pero… los niños son los quienes eligen.
“¿Qué te apetece hoy para comer? ¿Una ensaladita o una hamburguesa con patatas?”
Como era de esperar, una vez instaladas las malas costumbres, la “healthy option” solo fue adoptada por una minoría. La victoria de los gigantes de la comida rápida estaba más que afianzada.
Esto parece surrealista en la mayoría de países en Europa. Y sin embargo, cuando leo la intervención de Catherine L'Ecuyer sobre la digitalización de la educación escolar ante el Parlamente Vasco hace unos días, me pareció potente esta analogía:
“Dejar a las empresas tecnológicas decidir sobre lo que debe o no entrar en los hogares o en las aulas, es como encargar a Pizza Hut la elaboración del menú de los hogares y de los comedores escolares.”
Lo que McDonald’s y Pizza Hut probablemente no se habrían atrevido jamás a hacer de este lado del Atlántico, los gigantes tecnológicos lo han conseguido, no en los comedores escolares sino en las propias aulas, infiltrándose en la política educativa.
Urge retomar el control.
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